Eduardo Macaluse, diputado nacional por el SI, quien además de sus funciones públicas es nuestro DJ invitado: Proyecto de Ley de Arrendamientos + Canciones!! Y Mariano Raffo, director, autor y más de Return to Bolivia, un documental sobre el viaje de una familia boliviana que vive en Argentina y atiende una verdulería y decide regresar después de ocho años al país de Evo Morales.
Casi no conozco a ningún adulto de menos de 55 años en las clases medias urbanas argentinas que no haya visto/tocado/fumado un porro alguna vez o que no fume regularmente.
por Osvaldo Bazán Crítica de la Argentina - 29/08/09
Casi no conozco a ningún adulto de menos de 55 años en las clases medias urbanas argentinas que no haya visto/tocado/fumado un porro alguna vez o que no fume regularmente, o que no esté en contacto con gente que haya visto/ tocado/fumado un porro alguna vez o que no fume regularmente.
Casi no conozco, dentro de toda esa gente, alguien que tenga un problema de adicción. Está claro que eso no quiere decir nada más que hay mucha gente en las clases medias urbanas argentinas que fuma un porro y no se vuelve adicta. Es probable que ocurra en otros grupos sociales, no los conozco y quiero hablar sólo de lo que veo porque quiero poder dar fe de todo lo que digo. Esa gente que conozco cuando tiene ganas fuma otro y cuando no puede, no fuma y listo. No los hace mejores ni peores, no los cambia, no salen a robar ancianas ni pasean desnudos por las calles. Ni siquiera hacen ring raje. Sólo que estamos en nuestras casas, a veces fumamos un porro y después nos vamos a dormir. Quizás no a todos les pase lo mismo. Quizás haya gente que no pueda resistirse y una vez que encendió el primero sigue con otra cosa. No sé. Lo que sé es que casi no conozco a ningún adulto de menos de 55 años en las clases medias urbanas argentinas que no haya visto/tocado/ fumado un porro alguna vez o que no fume regularmente, o que no esté en contacto con gente que haya visto/tocado/ fumado un porro alguna vez o que no fume regularmente. Casi no conozco, dentro de toda esa gente, alguien que tenga un problema de adicción.
Eso es lo que conozco.
No conozco nadie que hiciera esa seguidilla marihuana, cocaína, heroína, asesino serial que tanto les gusta contar a los noticieros de América TV (eso debe ser droga dura, hacerse adicto al racismo berreta y la denuncia prejuiciosa y menor de los noticieros de América, necesitar como del aire ver cómo se le va la vida a Facundo Pastor corriendo detrás de un peruano borracho o de un vendedor ambulante de CD truchos, inyectarse la verba inflamada de Rolando Graña denostando a dos adolescentes perdidos en la previa). Me llama la atención que siendo como somos mayoría en los medios de comunicación, nosotros, los biempensantes de clase media de las ciudades argentinas, siempre hablásemos del tema “marihuana” como si nos fuera ajeno. Como si no fuera cierto que fumamos porros o conocemos gente que fuma porros, que tiene plantas, que sabe qué hacer cuando quiere fumar, que ni se mosquea ni nada cuando en una fiesta alguien pasa un faso y unos dicen sí y otros dicen no y eso no marca ninguna diferencia.
Todos nosotros somos así. Pero cuando estamos en función periodística esta verdad que vivimos todos los días no aparece, queda tapada bajo el concepto “elflagelodeladroga”. Es como si unos entes llegados de Marte largasen humo por las orejas y nosotros nunca hubiéramos tenido un encuentro del tercer tipo.
Bueno, es mentira.
Es hipocresía.
Los periodistas fumamos porros o conocemos gente que fuma porros. Está bien, quizás Pablo Duggan no, ¿pero quién quiere ser Pablo Duggan?
Elflagelodeladroga fue el corset. No escribi- mos “droga” sin anteponer “fla- gelo”. Es un concepto monogá- mico. Droga = Flagelo. Y nada más. Y no explicamos de qué hablamos cuando hablamos de flagelo, de qué hablamos cuando hablamos de droga. Así elflagelodeladroga permitió narcotraficantes florecientes, madres con dolor, hijos perdidos, porreros presos, coima institucionalizada, ignorancia que como toda ignorancia es prejuiciosa, crecimiento exponencial del peor consumo, consumo de desechos, desconocimiento científico, y plata, plata, plata, mucha plata. No hablar fue la solución que una sociedad, que no quiere ocuparse de sus problemas, encontró. Castigar al usuario y al adicto –que, al menos para mí y por la experiencia cotidiana, no son lo mismo– resultó un gran negocio para los narcotraficantes y los poderes asociados. Las instituciones, las fuerzas vivas detectaron un problema y se largaron a hacer lo que mejor saben hacer cuando hay un problema: un negocio. Las fuerzas vivas son vivas.
Cada vez me entero de más adultos de clase media urbana instruidos que cultivan sus propias plantas de marihuana para no depender de vendedores ni entrar en negocios repugnantes. Simplemente, tienen una planta, la cuidan y, sin ningún agregado químico, se la fuman. Pueden vivir sin marihuana. Se la fuman cuando tienen y cuando no, no. Las cosechas son para consumo mínimo. A ninguno de ellos jamás se les ocurriría vender su producto porque no podrían cultivar lo suficiente y, fundamentalmente, no es ésa la relación que tienen con su plantita chiquitita: “Mi I love you”, como cantan alegres los Karamelo Santo.
Han realizado demasiado bien su trabajo los poderes terrenales –la religión, la ciencia, el Estado– para que los principales placeres nos den las mayores vergüenzas. Co- mo bien cantaba el gran Roberto Carlos, las cosas que nos gustan son ilegales, inmo- rales o engordan. Siempre me llamó la atención el empeño que pusieron en hacernos avergonzar de aquello que nos da placer. A los chicos no les dejamos ver escenas sexuales porque no están preparados para recibir esa información. Se puede estar de acuerdo. A los chicos les dejamos ver cientos, miles de escenas violentas porque parece que para eso sí están preparados. Chicos: sangre sí, sexo no, les decimos y todos tan contentos.
Seguramente fumar un porro no es lo más sano que podemos hacer. Pero, ¿por qué estaríamos obligados todo el tiempo a hacer con nosotros lo más sano que se pueda hacer? ¿Cuánto de sano es esa porción chorreante de muzarela? ¿Y la costumbre de no dormir la siesta? ¿Y las cuatro cucharadas de azúcar en el café? ¿Y el café? De acuerdo, tenemos una costumbre que no es de las más sanas ¿Y? ¿Quién tiene derecho a meterse con eso? ¿Hay algo más sano espiritualmente que hacer del cuerpo y la vida propia el mapa de experiencias deseadas, mientras no se ofenda ni moleste a terceros?
¿Por qué el Estado se ocupa de lo que yo hago con mi salud y no se ocupa de las condiciones generales de salud que debe ofrecer a los ciudadanos?
En todo caso, ¿es sano que el Estado –y las empresas– ofrezca trabajo en negro y sueldos de miseria? ¿Y cuánto tiene de sana la cloaca al aire libre del Riachuelo? ¿Y qué celo pone el Estado en esos hospitales que son cartón pintado para el día de la inauguración? ¿Y los desmontes, la sojización tan denostada pero tan poco combatida, los agroquímicos que nadie controla y están envenenando tierra, aire y agua? ¿Y el país cada vez más desierto? ¿Y las mineras al aire libre? ¿Y el veto a la Ley de Glaciares? En esos temas, ¿no importa mi salud? ¿Y las chicas que mueren desangradas por los abortos clandestinos? La lista de descuido del Estado a través del tiempo sobre la salud de sus ciudadanos es enorme. Sin embargo, que ni podamos hablar sobre las sustancias arbitrariamente ilegalizadas es un eje estatal que lleva más de cien años. ¿Cómo todavía intentan que crea que se ocupan de mi salud?
Nosotros, los biempensantes clase media de las ciudades argentinas, estamos contentos con el fallo de la Corte. Se regula para el lado que nos interesa, para el lado de las libertades públicas, para el lado de la intimidad y de que no venga el Estado a meterse en mi cómoda sobremesa.
Pero nuestra confortable burbuja urbana se derrite cuando enfrenta el callejón de la desesperación sin salida del paco; a la adicción que cambia neuronas por agujeros de gruyère; al dolor sin límites del que se desmorona porque arriba no ve nada. ¿Nos matan las adicciones, no las drogas? ¿Qué es más enfermante: el consumo de porros o diez horas diarias de fútbol por tevé o veinte años de ShowMatch?
El silencio obligatorio nunca fue salud. El fallo de la Corte propone soluciones para los consumidores no adictos y empuja a los otros dos poderes del Estado a hacer algo con los que más sufren. Se comienza, por fin, a despegar el pegote elflagelodeladroga. Hablemos. Es la única manera de que las palabras tengan valor.
Cuando se generó un éxito de convocatoria de las proporciones alcanzadas por el grupo Callejeros, antes del drama que potenció aún más su fama, se excedió el límite de lo musical. Desde entonces no estuvimos en presencia de un simple conjunto de rock sino de una empresa. Me parece importante analizar a Callejeros como una empresa comercial que brinda un servicio musical por el que factura dividendos que muchas pymes soñarían recaudar. Por este motivo toda la estructura que rodea a esta empresa se mueve con los códigos del show business, con objetivos de marketing y una asesoría letrada calificada como para defender su negocio con suprema habilidad. No me toca a mí juzgarlos por la tragedia de Cromañon porque es una tarea para la cual hay que sumergirse en un océano de pruebas, testimonios y coartadas que corresponde estudiar a juristas especializados. Se puede estar o no de acuerdo con el veredicto del Tribunal que los eximió de culpa, pero es inútil tratar de emitir un veredicto propio sin tener acceso a las miles de fojas de la causa. Porque el sentido común no basta para explicar tanta desidia, tanta negligencia por parte de los diferentes actores.
Lo que puedo percibir es que Callejeros es un gran negocio musical cuyos componentes, como en la mayoría de las empresas, priorizan la rentabilidad a cualquier precio. La prueba más contundente es que, habiendo sido exculpados por el Tribunal, van por más en la búsqueda de jugosas indemnizaciones. La meta fundamental de toda empresa es aumentar sus ganancias y la música, en este caso, es sólo la materia prima alrededor de la cual una rueda de socios obtiene sus beneficios. Pero por eso, puntualmente, no se los puede culpar. Es lo que han asimilado del sistema imperante. Un lucro voraz sin escrúpulos en una sociedad que idolatra el dinero. Eso se aprende hasta en la calle. Proyectos comerciales de todo tipo rayanos en la ilegalidad pululan en nuestras ciudades amparados por un estilo mafioso que baja como mandato desde la política, los gobiernos, los sindicatos, las prepagas de salud, los multimedios, y una variopinta fauna de malevaje social. Hoy día la mayoría de las exitosas bandas de rock son empresas y en algunos casos los músicos son socios mayoritarios, en otras, empleados asalariados y en otras tienen otros oficios para su sostén ya que lo que los “dueños de la banda” les pagan no les alcanzaría para vivir. Se suben al escenario sólo por el irresistible placer que les brinda la fama.
El eslabón podrido que quiebra la cadena lógica está en quienes deben poner límites a empresas de cualquier índole que no reparan en daños a terceros para solventar su negocio. Si el Estado no pone coto a las empresas que destruyen el medio natural, las mineras que envenenan las napas, las sojeras que pampeanizan los bosques, las fumigadoras que enferman pobladores, los laboratorios que imponen a través de amenazas placebos y vacunas dudosas, por citar algunas, ¿por qué habría de controlar a una empresa de entretenimientos festejada por sus seguidores? Es la teoría del libre mercado aplicada por la libre mafia. Esto otorga luz verde a los músicos-empresarios para arrear como ganado a su tropa y hacinarla donde le resulte más provechoso. El modelo está dictado desde Los Redonditos de Ricota, eso se percibe hasta en la música de Callejeros que, al momento de la tragedia, era una mala imitación de los Redondos. Sin embargo Redonditos hubo uno solo. Su idea de prescindir de los mecanismos habituales y elaborar un negocio independiente, autónomo y autogestionado fue un experimento conducido inteligentemente por personas que conocían desde la génesis el movimiento de rock argentino y a pesar de haber tenido tropiezos con la represión, como en el recordado caso de Walter Bulacio, supieron llevar con habilidad su monstruosa convocatoria. Posiblemente una de las razones de su separación haya sido encontrar ese límite que las empresas irresponsables no olfatean. Cuando el marco de seguridad, de previsión, de sensatez, se ve superado por las ansias empresariales de facturar, surgen los fenómenos como guarderías infantiles en baños públicos, vándalos subiendo al escenario a robar equipos entre la humareda y las llamaradas, complicidad y ausencia de la policía y las autoridades municipales. En fin: caldo de cultivo para el drama que marcha, como de costumbre, detrás de los acontecimientos. Cuando el desastre ya ocurrió surgen las reclamaciones, la búsqueda de culpables y ese lugar común: “deslindar responsabilidades”. Pero para entonces el daño está causado, las muertes destrozaron familias y voltear un intendente no basta. Tampoco dejar sin trabajo a miles de músicos y actores cerrando salas porque no reúnen sorpresivos requisitos que jamás anteriormente habían parecido necesarios.
En todo este panorama lo que va en el vagón de cola es el hecho cultural o artístico. Presenciamos transacciones cuyo manejo de numerosa clientela ha quedado fuera del control de las autoridades regulatorias . ¿Concierto? ¿Recital? ¿Festival?
Son todas etiquetas que se sirven de formas de aceptación popular generalizada para facturar en alta escala soslayando los riesgos colaterales. Las huestes que acuden a los Tribunales a apoyar al grupo en su defensa no son otra cosa que consumidores cautivos de un producto hábilmente promocionado y comercializado. Son las leyes del mercado. No hay fuego sagrado, no hay mística alguna. Sólo estamos frente a un grupo de eficientes profesionales cuyo objetivo es incrementar el flujo de público, no importa dónde, ni cómo, ni gracias a qué desgraciado disparador de fama, para continuar ganando dinero. Es la libre empresa aplicada salvajemente, con un cuenta ganado en una mano y una botella de ginebra en la otra. Se culpa a la droga pero testigos presenciales de la tragedia me relataron que, aquel nefasto día, ya desde los trenes que descargaban multitudes en Plaza Miserere se podía apreciar la alcoholización general. El abierto consumo de bebidas alcohólicas exacerbado por el intenso calor y la sed fue causal directo del empleo de bengalas bajo la media sombra, una actitud demencial y autodestructiva que ningún ser humano en sus plenas facultades podría permitirse. La venta de ese tipo de bebidas es parte fundamental del negocio y cada detalle nos regresa al mismo punto. Nuestra sociedad está deificando la capacidad de ganar dinero. Cada riff de la guitarra, cada nota emitida por el cantor, cada grito de la multitud tiene su precio.
Aunque no se vea, cada canción, cada ritual masivo de rock nace con su propio código de barras en el orillo y detrás hay un contador registrando el impuesto que su público debe pagar por pertenecer a la tribu. Aunque ese impuesto a veces sea la vida misma.
Eduardo Macaluse, diputado nacional por el SI, quien además de sus funciones públicas es nuestro DJ invitado: Proyecto de Ley de Arrendamientos + Canciones!! Y Mariano Raffo, director, autor y más de Return to Bolivia, un documental sobre el viaje de una familia boliviana que vive en Argentina y atiende una verdulería y decide regresar después de ocho años al país de Evo Morales.
Margarita Stolbizer, diputada electa por el Acuerdo Cívico y Socialpor la provincia de Buenos Aires; Jorge Leiva, trabajador de la Barrick Gold en San Luis, que fue despedido por armar un sindicato afiliado a la CTA; Diego Lublinsky, director de la obra de teatro "El hombre que no duerme"; y Johanna Sporn y Emiliano Caffarelli, organizadores del ciclo Subterrañan Homesick, Vieja!.
1 de agosto Acá va el programa donde salieron por teléfono Diana Malamud, de Memoria Activa(AMIA) y Silvio Corti, Drector de la Federación Agraria. Además, vino el músico Jano Seitún (o Alvy Singer).
Margarita Stolbizer, diputada electa por el Acuerdo Cívico y Social por la provincia de Buenos Aires; Jorge Leiva, trabajador de la Barrick Gold en San Luis, que fue despedido por armar un sindicato afiliado a la CTA; Diego Lublinsky, director de la obra de teatro "El hombre que no duerme"; y Johanna Sporn y Emiliano Caffarelli, organizadores del ciclo Subterrañan Homesick, Vieja!.
La Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) denunció el “arbitrario despido” del dirigente José Leiva, secretario general de la recientemente creada Organización Sindical de Mineros Argentinos (OSMA) que se desempeñaba como perforista en el emprendimiento Veladero, de la minera Barrick Gold, en San Juan. “Para la empresa nosotros no somos personas, somos simplemente un número, por eso no respetan nuestros derechos, nos someten a condiciones laborales infrahumanas y si nos organizamos para defendernos, nos echan”, dijo Leiva a Crítica de la Argentina.
Voceros de la compañía aseguraron que “no se trató de un despido, sino que la desvinculación se efectuó de acuerdo a lo previsto en la legislación vigente y en el marco de las facultades de organización y dirección laboral que tiene todo empleador”.
Leiva afirmó que “a raíz de todas las anormalidades que venían sucediendo en Veladero nos planteamos con un grupo de compañeros organizarnos sindicalmente. No era fácil porque en Veladero siempre hubo miedo”.
A pesar de ello, los trabajadores avanzaron. “El 30 de junio constituimos nuestra organización y tres semanas después, el 24 de julio, la empresa me mandó el telegrama de despido”, relató Leiva.
“La Barrick Gold dice que les paga los mejores sueldos a los trabajadores de Veladero. Pero eso no es así. La Barrick paga los sueldos más bajos del mundo a los mineros argentinos. Y además trabajamos en las peores condiciones: estamos expuestos a enfermedades y nunca terminamos de compensar nuestro cuerpo a los 4.600 metros de altura. Es decir, hay muchas cosas que no están bien en Veladero. Por eso nos organizamos. Y eso molesta”, finalizó Leiva, quien ayer fue recibido por la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados, desde donde se exigirá a la empresa la reincorporación del dirigente cesanteado
por Lucas Rubinich yMarcelo Langieri (Director y secretario académico de Sociología, UBA) - 14/8/09 - Página 12
La reciente invitación al rectorado de la UBA por parte del Gobierno a integrar el consejo académico que hará propuestas para reformular el Indec plantea problemas significativos para la universidad pública en general y para las ciencias sociales en particular. En realidad, es la misma definición del problema lo que hay que debatir. Esta situación, desde la universidad pública, no puede ser pensada como una cuestión exclusivamente técnica, pero tampoco con una mirada política reduccionista que imagine la solución cambiando un funcionario. La UBA, y específicamente nuestra carrera de Sociología, tiene una implicación de hecho en una institución como el Indec, porque sus profesionales y técnicos son nuestros egresados y porque es una institución pública que, en tanto lo anterior, se vale de saberes científicos y profesionales que son competencia de este espacio universitario. Como universidad tenemos un compromiso con nuestros egresados y no es posible construir abordajes del problema que no contemplen lo que ha ocurrido con ellos en el Indec. No es aventurado suponer que algunas ambigüedades que existieron en relación con esta propuesta tienen que ver con un clima cultural que tuvo un predominio extraordinario durante los ’90 y que desvalorizó la universidad como un actor activo en los debates de la vida pública, otorgándole importancia, por el contrario, a un saber técnico inhibido de los “para qué”.
La desvalorización de la intervención de los ciudadanos en lo público, producto –además del propio deterioro de las clases dirigentes– del predominio de miradas interesadas en desprestigiar la práctica política, ha debilitado la imprescindible participación política dentro del mundo académico y con ello ha perdido fuerza la tradición que reivindica el papel activo en términos político académicos en la relación universidad-sociedad, universidad-Estado. Se sugiere, en los murmullos promovidos por los consultores internacionales y los tecnócratas de la educación, que lo importante para una institución desfinanciada es adoptar una actitud pragmática que posibilite obtener fondos propios. La inexistencia de debates sobre la relación universidad-sociedad favorecidos por esta despolitización facilitan que estas miradas se sustenten en discursos tecnocráticos que observan la posibilidad de esos debates, y hasta la misma institucionalidad democrática de la universidad pública, como obstáculos a la eficiencia.
Desde ya que la universidad pública debe colaborar con diferentes espacios de la sociedad y el Estado. Está en su identidad y en su responsabilidad pública hacerlo. La pregunta es si esto se hace de manera desproblematizada, como quisieron los programas de los organismos financieros internacionales transformados en sentidos comunes ministeriales, que imaginan una universidad convertida en un actor técnico pasivo, o se lo hace en el papel de institución con iniciativa política, y entonces sí, con capacidad de verdadero diálogo.
Iniciativa política es lo contrario a aceptar o no aceptar resignadamente una participación en una comisión para reformular el Indec. Es asumir una posición clara en defensa de la transparencia de las estadísticas públicas y también en lo que hace a la solidaridad con nuestros egresados que sufrieron diversos tipos de malos tratos en esa institución. Es tener la capacidad de definir sin ambigüedades cuáles son las condiciones del diálogo y la colaboración, que en esta situación no puede ser otra que la vuelta a fojas cero: la reincorporación de los profesionales desplazados y la apertura de un espacio de reflexión y evaluación en el que ellos participen. La relación universidad-sociedad y universidad-Estado no puede ser imaginada como una abstracción o un recurso retórico. Se expresa en relaciones sociales concretas y en ellas hay distintas formas de asumir el problema. Una de ellas es convertirla en un organismo de consulta técnica sin responsabilidad política, otra, que recoge las mejores tradiciones político-culturales, es cuando la universidad es capaz de ponerse de pie para proponer cambios desde sus saberes particulares porque se entiende que favorecen al conjunto de la sociedad a la que la universidad se debe.
por Gustavo Noriega - 9/8/09 - Crítica de la Argentina
El programa estrella de Canal 7 (o “La Televisión Pública”, como se autodenomina) es 6 en el 7 a las 8, de la productora Pensado Para Televisión. En principio, se trataba de una idea interesante, la de aplicar el esquema habitual de los programas de archivo (conductora, panelistas, informes e invitados) a una agenda más inclinada a la relación entre los medios y la política que sobre los ya hartantes vaivenes de la farándula. En la práctica, se terminó replicando especularmente aquello que criticaba.
Lo primero que llama la atención del programa es su monotonía, una uniformidad pesada derivada de poner todos los elementos editoriales en una única dirección. Los panelistas no discuten entre sí, están todos de acuerdo en todos los temas (primera vez en la historia de PPT) y apenas se interrumpen unos a otros para ver quién pronuncia la frase más oficialista. Nadie se atreve a oficiar de “abogado del Diablo” para introducir alguna contradicción que genere algo más interesante que la mera concordancia generalizada. Apenas María Julia Oliván, en su rol de conductora (que cumple de manera más que satisfactoria), se permite de vez en cuando anteponer cierta distancia con el discurso único del programa. El otro extremo lo presenta el panelista Orlando Barone, quien renuncia explícitamente a la posibilidad de enfrentar ideas. Barone tiene un único registro: la ironía. Y para percibir y disfrutarla se requiere complicidad. Apuesta constantemente a esa comunión con el espectador y en ningún momento se le pasa por la cabeza que quizá la discusión de las cosas públicas ameriten cierta distancia y una dosis de argumentación. Nunca imagina un interlocutor no convencido.
Si el panel parece una reunión del politburó, los informes no le van a la zaga en su soviética y monolítica unanimidad. Se manejan conceptos básicos y totalizantes, sin matices: “el campo”, “la oposición”, “los medios”. Se trata de desnudar los discursos de los medios y de cómo éstos encubren una cierta ideología. De esa elogiable práctica crítica se pasa a replicarla. Lo que los medios encubren, 6-7-8 lo muestra, pero el problema es que lo que los medios muestran 6-7-8 lo disimula. Si los medios hablan de la escandalosa habilidad tributaria de De Narváez, 6-7-8 muestra cómo los medios ocultan o reconvierten esa información en algo distinto. Pero cuando los medios hablan del inaceptable enriquecimiento de la pareja presidencial, 6-7-8 habla de… ¡De Narváez!
El kirchnerismo del programa, en definitiva, no pasa tanto por cómo se critica a la oposición o cómo se disimulan los horrores oficialistas, sino en adoptar su espíritu y reducir toda la complejidad de la política a una oposición binaria, un enfrentamiento entre un “nosotros” y un “ellos” en el que el universo K se muestra del lado de los buenos. El programa se hace eco de ese discurso y lo repite con entusiasmo. Lejos de ser crítico, en la mejor tradición de su productora, puede leerse como un ejercicio autocomplaciente al servicio de los intereses del canal donde se emite. Que es, casualmente, la misma acusación que el programa les hace a “los medios”.
Carina Díaz Moreno, maestra de Famatina, La Rioja, que se opone a la mina a cielo abierto que explota la Barrick Gold en sus pagos. Tanto se opone, y tan extrañas son las cosas, que por tratar de evitar el saqueo de los bienes naturales, la contaminación y agotamiento de las fuentes de agua dulce, Carina está procesada.
Bruno Bimbi, periodista, ex prensa de la diputada Diana Conti, quien sistemática e ilegalmente se quedaba con un "diezmo" de su sueldo. Él comenzó un juicio, donde lo más preocupante era que el abogado defensor de Conti era también el auditor del Consejo de la Magistratura.
Fernando Ferrer, director de la obra de teatro Taranto(Viernes a las 21.00 en Patio de Actores, Lerma 568).
Y en el piso, el periodista Alejandro Bercovich, que no sólo viene a charlotear de Economía, sino que también nos va a presentar su banda, El Almacén, integrada por Federico Wahlberg, Nahuel Prado Mandrick, Gabriel Abramovici y Juan Pablo Martini.
Ya sabés, mientras te tomás una sopa con fideitos de letras antes de salir a rockearla, escuchá Siberia. Sábados de 22.00 a 24.00 por radio El Mundo, AM1070.
El diputado Claudio Lozano, con el respaldo de los integrantes de la Junta Interna del INDEC-ATE, presentará el miércoles 5 a las 15.30 en el salón Cabezas de la Cámara de Diputados el proyecto de declaración en el que se plantean criterios para la resolución de la crisis del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. El proyecto, que tiene como co-firmantes a los diputados Miguel Bonasso, Edgardo Depetri, Victoria Donda, Vilma Ibarra, Eduardo Macaluse, Adrián Pérez, Federico Pinedo, Carlos Raimundi, Norma Morandini, Fernanda Reyes y Silvia Augsburger, hace propios los criterios expuestos por los técnicos y trabajadores del organismos nucleados en ATE: el cese de la intervención, la manipulación de los datos y la persecución interna de los trabajadores que se oponen a ella. También plantea investigar las actuaciones de la intervención y aporta ejes para recuperar y mejorar los mecanismos estadísticos públicos.
Acá van los últimos programas de Siberia. Para entretenerse de lo lindo!!
26 de julio
En piso: Rubén Ramírez y Gustavo Zabala, creadores del sitio Sónica, el músico Alfredo Tape Rubin (acá su página), y Diego Boris, presidente de la Unión de Músicos Independientes.
Por teléfono: Sergio Grimblat y Cecilia Bassano, director y actriz y co-productora de la obra "Las amargas lágrimas de Petra von Kant".
18 de julio
En piso: el periodista y amigo de la casa Diego Villanueva.
Por teléfono: Nelson Nakasato, representante de los Tintoreros Tradicionales Autoconvocados, y Vanesa Weinberg, actriz y directora de lña obra "El borde infinito".
11 de julio
En piso: Cynthia Pok, ex directora de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y delegada de ATE-INDEC. Por teléfono: Daniel Carreira, creador del sitio 2xtango, y el diputado nacional por Buenos Aires para Todos, Claudio Lozano.
4 de julio
En piso: El músico Juan Ravioli (acá su página y su myspace), y Gabriela Carpineti y Gonzalo Grande de la agrupación 14bis.
Por teléfono: Gabriel Puricelli, sociólogo, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad de Buenos Aires, y Alcira Argumedo, socióloga, diputada electa por Proyecto Surpor la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Por teléfono: Norberto "Ruso" Verea, periodista de deportes y ex futbolista.
20 de junio
En piso: Cecilia "Checha" Merchán, diputada nacional por Encuentro Popular y Social por la provincia de Córdoba (acá su CV). Por teléfono: Bruno Bimbi, periodista de Crítica de la Argentina.
Con aspiraciones considerablemente fuera de su alcance, Siberia está entre el debate político y el análisis económico, en medio de una crítica de cine y una bonita canción. Magazine de actualidad (y a veces no tanto), es un espacio de discusión que pretende ser serio, pero con ánimos de sábado a la noche. Como el pueblo unido siempre fue vencido, Siberia se autoproclama un grupo de perdedores pero con mucha onda.