domingo, 1 de noviembre de 2009

Cruzada contra 6, 7, 8

No lo podríamos haber explicado mejor...
8, 7, 6

Cuando Gvirtz decide poner al aire una denuncia anónima de YouTube, no alcanza con que los panelistas digan "no nos gusta que el editor lo haya hecho".
Crítica de la Argentina - 22/10/09
por Osvaldo Bazán
Habrá que reconocerle al kirchnerismo otro logro además de haber hecho bajar el cuadrito de Videla y agenciarle trabajo de bruja mala a Diana Conti: consiguió en seis años de ímproba labor que las carreras de comunicación dejasen de estar de moda, calvario por el que veníamos pasando durante casi treinta años.
Cuando terminaba la dictadura y florecía nuestra adolescencia, estábamos seguros de que había cosas para decir. Quizás la tremenda influencia de la revista Humor, los aires aportados por los que volvían del exilio y por los que lograban acá sacarse la mordaza o por el ventarrón de libertad que era evidente que se avecinaba, nos sentimos empujados hacia las carreras de comunicación adonde fuimos a parar tanto quienes teníamos la íntima convicción de que jamás serviríamos para otra cosa, como aquellos que estaban tan poco amarrados a una vocación que cualquier viento los llevaba. Periodismo fue la carrera de moda en los 80 y en los 90. Es que a la cuestión emocional/ ideológica –y andá a saber cómo se separa la una de la otra– de la primavera democrática se le agregó el dato contundente de la explosión de los medios, el surgimiento de alternativas, las radios de baja potencia, la tevé por cable, el paraíso abismal de internet. Todos teníamos algo que decir, algo que preguntar y fuimos viendo cómo encontrar el camino para hacerlo.
¿A quién mandaron al fondo de la cava en enero del 97? En ese momento la sociedad sabía que un periodista que investiga el enriquecimiento ilícito de los gobernantes está cumpliendo su trabajo. ¿Nos olvidamos de Cabezas?
¿Qué pasó en el kirchnerismo para que ahora, un periodista que investigue el increíble incremento patrimonial de los gobernantes deje de ser alguien que pregunta en nombre de la sociedad a la que se le sacó ese dinero para ser “un mercenario enviado por los multimedios”? ¿Investigar a Menem era progre y hacerlo con Kirchner es reaccionario?
¿Cuál es la lógica?
La lógica, amigos, es “8, 7, 6”
Néstor trazó una línea, de acá los amigos (Daniel Hadad –alguien que, sin duda, en Cuba sería director del Granma– pasó a ser interlocutor privilegiado; Página/12; El Argentino, Veintitrés, C5N, Radio del Plata) y de allá, los enemigos (el primero fue el Menchi Sábat, que dejó de ser un exquisito artista popular para convertirse en un cuasi mafioso). Y encima aparecieron ahora unos seres sin vidas propias, unos inanimados llamados cíbers cuyo trabajo pago parece ser escribir comments para desmoralizar a los “enemigos” en los sitios periodísticos que permiten el juego de la libre expresión de internet (¿por qué será que Página/ 12 no habilita a sus lectores digitales los comentarios?). ¿Imaginan la pequeñez de esa batalla? ¿La nimiedad de esas vidas? ¿Imaginan el nivel de locura detrás de los comandantes de esas guerritas?
Hace poco leí en la revista C una declaración de Mex Urtizberea que me aclaró un poco el panorama: “Voté a Cristina y apoyé a los K en muchas cosas. Eso sí, no me gusta que hayan hecho una fortuna con esos terrenos fiscales en El Calafate. Pero hay que tener huevos para hacer todo lo que hicieron en materia de derechos humanos”. Con Menem se instaló el nefasto apotegma “roba pero hace”. Seguimos en el menemismo, a las pruebas me remito.
No podemos hacernos los desentendidos. Muchas cosas hicimos mal para que hoy el periodismo no sea respetado: hacer creer que un globo vacío volando por Colorado es noticia; creer que el “periodismo de periodistas” es algo menor asumiendo actitudes corporativas; aceptar que “salir en televisión” sea un fin y no un medio; hacer concesiones a fuentes y entrevistados para tener su palabra.
Pero el principal error fue no habernos hecho respetar.
Diego Gvirtz me convocó para un programa nuevo que estaba por hacer para Canal 7, me dijo que se iba a llamar Tiradores y que los panelistas saldríamos vestidos con camisa y tiradores; que desde el canal querían imponerle el nombre –que le sonaba ridículo– 6, 7, 8 pero que él no lo iba a aceptar. Lo iba a conducir el Chavo Fucks y entre otros panelistas iba a estar la querida María Julia Oliván. Contesté “dejame pensarlo”, me fui de vacaciones y en el medio me surgió una posibilidad que después se cayó pero que me interesaba más; entre otras cosas porque no veía cómo tendríamos libertad para trabajar en el canal estatal en el que la figura del vicepresidente –piénsese de él lo que se piense– estaba prohibida. “No te hagás problemas –me dijo Gvirtz–, eso fue el año pasado, porque estaban muy locos con lo del campo. Este año no se van a poner tan locos, además saben que a mí la libertad me la tienen que respetar”. Finalmente el canal decidió que Fucks no fuera el conductor y que se llamara 6, 7, 8. Gvirtz parecía haber guardado los tiradores.
Comenzó el programa y desde el primer día me alegré de no estar ahí. Los informes burdamente sesgados, la falta de autocrítica, la soberbia ciega, el uso tan funcional del periodismo para todos y cada uno de los deseos ocultos o no del Gobierno, y especialmente la manipulación para el fusilamiento mediático a colegas que no piensan igual es todo lo que no quiero de esta profesión.
Cuando Gvirtz decide poner al aire en el canal estatal una denuncia anónima levantada de YouTube, 17 minutos de un empaste de cintas en donde nada es claro –si ni se ve la cara de quienes hablan, ¿cómo saber qué dicen?– no alcanza con que los panelistas digan “no nos gusta que el editor lo haya hecho”, más aún cuando es obvio que lo vieron en la pauta del día –no hay programa de televisión en vivo que no tenga una pauta escrita que todos, técnicos, productores y conductores, sigan– y aceptaron difundirlo. Más aún cuando hace meses que vienen dando lecciones de ética. Más aún cuando al día siguiente, con la excusa de decir que no estaban de acuerdo, lo volvieron a pasar.
Vení, Perogrullo: intereses de los medios hubo siempre y decirlo es una obviedad. Buenos y malos también hubo siempre. Si alguien tiene una empresa, vende y compra y quiere ganancia por lo que hace (¡jelóu! ¡Vivimos en el capitalismo!). Los periodistas no creemos que las noticias sean mercancías pero producimos valor y -como todos- sólo disfrutamos de una pequeña parte de ese valor que producimos. Lo demás se llama plusvalía y así funcionan las sociedades en las que vivimos. Si me preguntan, no me gusta y casi ninguno de nosotros lo eligió, pero no parece que haya multitudes dispuestas a tomar el Palacio de Invierno. Quienes trabajamos en empresas periodísticas tenemos intereses que pocas veces coinciden con los de los patrones. Por algo no tenemos vocación de patrones. Depende del tamaño de la desavenencia, si es tan grande que no nos permite dormir en paz, nos vamos. Oiga, que lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo y no se muere nadie. También es cierto que no sobra el trabajo y que a veces se cierran los puños y se sigue, pero uno puede negarse a lo que no quiere hacer y además no suena indigno poner una mercería si eso nos evita un incordio. Aun en el panorama desolador de la falta de trabajo podemos decir “no” si sentimos que tenemos algo que defender. No es de héroes, es sólo para dormir de noche. Gvirtz nos mintió diciendo que antes de poner eso al aire se aseguraron de que había una denuncia judicial y este diario comprobó que la denuncia anónima fue realizada al día siguiente. Y no es, como dijo la panelista Sandra Russo, una discusión sobre cámaras ocultas. Es una discusión sobre responsabilidad. Seguir ahí es avalar que el fin de difundir esa denuncia anónima justifica la absoluta falta de responsabilidad profesional. Por algo el panelista Orlando Barone llamado por este diario dijo “no, querida, no, no voy a hablar” y cortó. Peor aún es que el director del canal supuestamente de todos, Tristón Bauer, no diga una palabra. ¿Los empleados de Gvirtz, duermen bien de noche? ¿Cuentan ovejitas? 8, 7, 6, ¿cuántas quedan? Si Sandra Russo nos sorprendiera y conforme con su incomodidad, renunciara, por ejemplo, no se quedaría en la calle: aún le restarían sus trabajos de Radio Nacional y Página/12.
El Gobierno cree del periodismo lo que el Gobierno hace en periodismo, apoyado por gente que en el mejor de los casos cree que roban pero respetan los derechos humanos (¿sería eso posible?) y, en el peor, por mercenarios.
Si nosotros mismos hundimos la profesión, si permitimos que el poder maneje tan claramente nuestro discurso, es al menos paradójico que después nos asombremos que venga Maradona o quien sea y nos pida que se la mamemos. Si a algunos es lo único que le falta.

Invitación

La Asociación Argentina de Asistencia Integral para la Familia, el Adulto y el Menor (AIFAN) invitan a las VI Jornada Interdisciplinaria e Interinstitucional: un encuentro abierto tanto a la comunidad científica como a la comunidad en general interesada en escuchar y reflexionar sobre "Los discursos de la crisis", tema que en el que estuvieron trabajando todo el año.

La propuesta, convocada para el sábado 7 de noviembre a las 10.00 en el Auditorio de ATE (Belgrano 2527), se organiza en tres mesas de disertantes con espacio posterior de intercambio y estarán disertando representantes del periodismo, la filosofía, la sociología, el psicoanálisis y la psicología.

martes, 6 de octubre de 2009

Programa

3 de octubre
Los entrevistados decidieron apagar sus celulares. Así que nos dedicamos a opinar, y opinar, y opinar.










lunes, 28 de septiembre de 2009

Programa: Ese Perro + Elba Degrossi

26 de septiembre
Al teléfono, Elba Degrossi, directora e intérprete de la obra de teatro Collar de cuentos, sábados 18.00 hs en Sala Mediterránea, Tucumán 3378.
Y en el piso, la banda presentada por Sónica, Ese Perro.


















Fotos por Ese Perro

jueves, 24 de septiembre de 2009

Título casi Barcelona

Tapa Ámbito Financiero - 23/09/09

MÁS DEL INDEK: EN PLENA CRISIS BAJÓ LA POBREZA A 13,9%
(Ya está casi al mismo nivel que EE.UU.)

Nota completa

Naturaleza vs. Cultura

Se escuchan opiniones!


Naturaleza muerta


Desde que se legalizó la tenencia de marihuana para consumo, gran parte de los defensores del porro argumentan su postura hablando de la naturaleza. “Podés cultivar tu planta, te la da la Madre Tierra”.


por Josefina Licitra
Crítica de la Argentina - 22/09/09


El día que decidí plantar tomates lo hice por razones pedagógicas –hasta el momento, mi hijo pensaba que crecían “en las góndolas del chino”–, de planificación doméstica –el kilo valía ocho pesos–, gustativas –el sabor de un tomate hecho en casa supera al de un tomate “hecho en góndola”– y recreativas –los fines de semana con hijos pueden llegar a ser largos. Pero dentro de ninguno de esos argumentos se me ocurrió mencionar palabras como “madre tierra”, “Pachamama”, “raíces” o cualquiera de los demás términos que últimamente se invocan para explicar por qué –yendo al punto– poner una macetita de cannabis en tu balcón es una opción de las buenas.

Desde que se legalizó la tenencia de marihuana para consumo, gran parte de los defensores del porro argumentan su postura hablando de la naturaleza. “Podés cultivar tu planta, te la da la Madre Tierra”; “¿Qué hay que legalizar? La naturaleza no está mal ni bien”; “Nosotros sólo somos amigos de las plantas” y “Honremos a la Madre Tierra por darnos cogollos” fueron algunas de las tantas exaltaciones de “lo natural” que se hicieron y se siguen promoviendo en un mundo que, por más de un motivo, ha terminado haciendo de la naturaleza un credo.

El hongo Amanita phalloides, también llamado “cicuta verde”, es absolutamente natural y no por eso lo comemos. Los métodos anticonceptivos son artificiales pero nos pueden salvar de un natural embarazo no deseado. La misma idea de “naturaleza”, en síntesis, es un concepto tan manufacturado que desde hace varios años está ceñido a la moralidad sinuosa del mercado. Hay que ver la cantidad de pavadas que se dicen, elaboran y venden para que la gente sea un poco más “natural”. En nombre de la Madre Tierra hay celebridades que higienizan sus conciencias participando de eventos multimillonarios como el Live Earth, y hay políticos veloces como Al Gore, quien sacó chapa de buen tipo cuando en el año 2006 fue protagonista de The Inconvenient Truth (La verdad incómoda): un documental sobre el calentamiento global que le valió un inaudito premio Nobel de la Paz y que sumió al pueblo americano en una neurosis ecológica sin precedentes. Para salvar al planeta, hay personas que se bañan en agua usada –así no malgastan recursos naturales–, hay quienes cuelgan la ropa en vez de centrifugarla –para no usar energía–, hay empresas que realizan labores ambientales –y de paso, sólo de paso, reducen impuestos– y hay una inmensa y creciente masa de población que habla de “volver a las raíces” con la candorosa terquedad de quien supone que es posible regresar al útero materno.

Antes de emprender el camino de regreso, sin embargo, valdría la pena que los abanderados de “lo natural” respondieran al menos algunas de las preguntas que Eduardo Ferreyra, presidente de la Fundación Argentina de Ecología Científica (FAEC), expone en un artículo donde la emprende contra el llamado “mantra verde”. ¿Permitirían los defensores de “lo natural” que no se vacunara a sus hijos contra el sarampión, las paperas, la rubéola, la poliomielitis, la tuberculosis, el tifus y la fiebre amarilla? ¿Se resignarían a no usar más aspirinas y antibióticos? ¿Qué harían con la tiroides, la presión alta, la artritis, los cálculos biliares, la otitis y los dolores de muelas? ¿Permitirían que los curaran “manosantas” y curanderos varios, usando medicinas tradicionales de la Pachamama? ¿Vivirían sin pasta de dientes ni perfumes ni desodorantes ni jabones de tocador ni tinto- rerías ni zapaterías ni ropa? ¿Jugarían al fútbol descalzos, como lo hacían los aborígenes y los hindúes? ¿Vivirían sin cine, televisión, videos, DVD, vacaciones en Brasil, viajes a Europa y escapadas a Miami? ¿Con qué instrumental los curarían los médicos en hospitales que no tendrían electricidad, ni aparatos, ni medicinas, esto es: hospitales totalmente naturales? ¿Y cómo harían el fuego –agrego yo– para prenderse el porro? Decir que la marihuana es buena porque “viene de la Madre Tierra” forma parte de un discurso tan conservador que sorprende. Por eso, frente a un sistema legal que –de a poco– se está quitando viejas telarañas moralistas, sería interesante asumir en torno al porro un discurso más maduro: que lo fumamos porque es rico y pega bien. Porque incluso cuando pega mal no es grave. Porque no trae efectos colaterales. Porque es sexualmente estimulante. Porque no es dañino. Porque calma dolores a quienes padecen cáncer. Porque abre el apetito a los enfermos de HIV. Porque es más divertido –en caso de contractura– que tomarte un clonazepam. Y porque la legalización pone un coto al negocio narco y todo lo demás.

Pero hablar de la Pachamama coloca a algunos militantes pro marihuana en esa peligrosa línea que separa la argumentación filosófica de los guiones de Peter Capusotto. Y forma parte de una postura ingenua, estudiantil, que los cruzados del cannabis no pueden permitirse.

martes, 22 de septiembre de 2009

Programa: José Sbatella

19 de septiembre

Hora dedicada a la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Por eso, hablamos con José Sbatella, ex presidente de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, que dejó ese cargo por oponerse (hace un año) a la fusión Cablevisión-Multicanal.
Además, las ya clásicas (y grossas) columnas de los expertos: Roberto Camarra, Tomás Raffo y Sebastián Canteros.